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“Con un misil podemos construir 100 escuelas”, declara Relator

8 mayo, 2010

En rueda de conversación en el Memorial de América Latina, Vernor Muñoz recibió al público para discutir la discriminación en la educación

Desde la izquierda a la derecha: Mariângela Graciano, de Ação Educativa; Cláudia Werneck, de la Escuela de Gente; Ana Lúcia Silva Souza, pedagoga y socióloga; Vernor Muñoz; y Giovanna Modé, de la CLADE. Foto: Waldo Lao Fuentes Sanchez

En nuestra sociedad, únicamente dos instituciones no lograron democratizarse: el ejército y la escuela. Ambas se guían por estructuras de poder jerarquizadas, en las que las relaciones se pautan por el orden, no por los derechos. Estas son declaraciones de Vernor Muñoz, Relator Especial sobre el Derecho a la Educación de la ONU, en la rueda de conversación realizada en la Biblioteca del Memorial, parte de la agenda de la 6ª Asamblea de la CLADE, cuyo tema es “La educación es un derecho, por la no discriminación en América Latina y el Caribe”. Los/as participantes, además de dialogar con el Relator, pudieron apreciar la exposición fotográfica sobre el tema.

El encuentro conto con la participación de 25 personas, entre estudiantes, activistas, periodistas y público interesado, como también tres panelistas: Mariângela Graciano, coordinadora del Observatório da Educação da ONG Ação Educativa; Cláudia Werneck, periodista, escritora e superintendente general de la ONG Escola de Gente; y Ana Lúcia Silva Souza, socióloga, pedagoga y especialista en el tema racial. Dialogando con Vernor, todos/as plantearon en la rueda una serie de temas y desafíos para la realización del derecho a la educación de personas en contextos de encierro, personas con discapacidad y afrodescendientes.

Según el Relator, el mundo en que vivimos está permeado fuertemente por relaciones patriarcales de poder, que ponen a los hombres por encima de las mujeres, a los blancos por encima de los negros e indígenas, personas sin deficiencias por encima de las con deficiencias, ricos por encima de pobres. Este discurso está tan enraizado en nuestras prácticas que a veces nos hace creer que las asimetrías son naturales.

Vernor defendió tres puntos centrales para garantizar una educación no discriminatoria: el desarrollo de acciones afirmativas; difundir la comprensión de que la educación es un derecho humano; la necesidad de instituir garantías jurídicas. “Es preciso desaprender la forma de relacionarnos que nos fue transmitida de generación en generación. Esto va mas allá de la consciencia: una cosa es ser consciente, otra es transformar la cultura – lo que vale principalmente para los hombres”, dijo. Vernor recordó las violaciones que persisten en el ámbito privado en contra las mujeres, donde los principios de derechos humanos y los mecanismos de protección son más difíciles de aplicar. “Las mujeres siguen desprotegidas y víctimas del feminicidio”, lamentó. Al destacar también los casos de imposiciones educativas sobre las culturas indígenas, el Relator señaló que la lucha por inclusión depende de dos elementos: “políticas públicas y voluntad política”.

Invirtiendo en accesibilidad – “Sí, la educación es cara. Pero también es caro el fútbol, la salud, ir a la luna… Y mucho más cara es la guerra. Con un misil podemos construir 100 escuelas” dijo Vernor, al responder a la pregunta formulada por Cláudia Werneck: “ya sabemos cuánto cuesta discriminar, por eso está en los presupuestos que tenemos. Pero cómo transformar el concepto de presupuesto público de educación para que se comience a entender que accesibilidad no es costo, es inversión” provocó la panelista.

En su exposición, Cláudia trató de repensar los sentidos de la discriminación, en particular en lo que se refiere a las personas con deficiencias. “¿Quién es el discriminador contemporáneo? Indagó. “Todos nosotros, y ya no somos los bárbaros de otros tiempos. La discriminación puede revestirse de formas de belleza, flor, perfume, amor y es discriminación”, provocó.

Vernor también recordó algo que acostumbra pasar desapercibido: “La educación inclusiva no es más cara que la especial. Es más caro segregar”, afirmó. “Además, a largo plazo es mejor invertir en la educación de personas con deficiencias que tener que encargarse de ellas en el futuro”, respondió, reforzando la importancia de revisar las prioridades en los presupuestos públicos.

Discutiendo el modelo carcelario – Mariângela Graciano recordó las intensas violaciones sufridas por las personas encarceladas y la confluencia de discriminaciones en el perfil mediano de esta población. “La mayoría es negra, el 67% no terminaron la enseñanza básica, el 70% son menores de 30 años y menos del 10% estudian actualmente”, dijo. Según la panelista, la educación en las cárceles todavía focaliza las actividades que ocupan tiempo y el trabajo manual, lo que enmascara el conflicto latente entre la lógica de la educación como derecho humano y la lógica del control en los ambientes carcelarios. Recordando el informe del 2008 de Vernor, que trato el tema, preguntó: “¿Cómo deber ser la educación en las cárceles? ¿Cuál debe ser su contenido?

En la opinión del Relator, “estamos actualmente viviendo una transición. Pasamos de un concepto de sistema carcelario como mecanismo rehabilitador, fuertemente influenciado por la jerga médica de la cura, a otro modelo, cuando finalmente se percibe que las personas en las cárceles están privadas apenas de uno de sus derechos – la libertad -, siendo titulares de todos los otros”. En este sentido, expresó, “la educación debe estar a cargo del Estado; ser brindada en cantidad y con calidad; todos los presidios deben tener centros educativos; y todas las personas encarceladas deben disponer de otros tipos de oferta educativa regular”, sostuvo.

Garantizando la permanencia en la escuela – Ana Lúcia Silva Souza señaló las innumerables desigualdades entre blancos/as y afrodescendientes en lo que se refiere al acceso y permanencia en la escuela. Según su opinión, “ver los datos estadísticos dentro de la perspectiva de los derechos humanos revela que invariablemente la población negra ocupa los peores espacios. Los/as negros/as son minoría en todos los niveles de educación, a excepción de la Educación de Personas Jóvenes y Adultas, en que son mayoría”. A lo largo de la trayectoria que va de la enseñanza básica a la universitaria, la presencia de los/as afrodescendientes disminuye intensamente. Partiendo de este punto, la panelista le preguntó a Vernor sobre cómo garantizar la permanencia en la escuela y la continuidad de la educación de los afrodescendientes.

Sobre el desafío propuesto, el Relator reforzó la importancia de la educación verdaderamente intercultural, en su concepción y en su currículo escolar, capaz de incluir visiones distintas de mundo. “Tal inclusión depende de una apertura hacia distintas percepciones del derecho de parte de cada grupo”, explicó.

“Mientras la educación sea considerada un privilegio o servicio, las acciones afirmativas no encontrarán su plena concretización en políticas”, expresó. Y volviendo al punto central del debate, un hecho se evidencia: la educación es un derecho. No la guerra, no la luna, sino la dignidad en nuestra vida terrena.

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